Poesía, Laura y otros sinónimos.

Tan poeta como hombre.

Cuando las caricias faltan, los versos sobran.

Primer verso, beso.

Escrito por DykembellVC 28-05-2019 en Poesía. Comentarios (0)

Mi resurrección tiene fecha exacta:

  20 de setiembre del 2017.


Ahí está ella,

con su cabello tan cerca

que casi comienzo a creer

en Dios.


Esta respirando encima

de mi pecho;

una lágrima nace en

mi garganta.


La veo mientras sonríe:

Lo único que importa es la

distancia desesperada entre

su boca y mis ganas.


Ahí está ella…


Mis dedos acarician su

rostro y todo, las aves,

el viento, la luna,

el reloj, la música,

los viajes cortos y las esperas largas,

se parece a ella.


Cada vez más,

más cerca.


Sus ojos juegan a no verme;

los míos llevan más de un

año ignorando cualquier cosa

que no sea ella.


Su nombre es precioso;

¿quién habría pensado que la vida

de un hombre cabe en las cinco

letras de una mujer?


Nos vemos fijamente.

Una sonrisa se dibuja en

mi cara mientras sus mejillas

enrojecen,


Se acerca a mí.

El tiempo comienza a ir

más despacio.


Puedo ver sus pestañas moverse

con el viento.

Sus pupilas se expanden.

Mi respiración se acelera...


Y de repente el mundo se ha detenido

en su boca.


Sus labios chocan con los míos

en un caótico encuentro lleno

de poesía.

Sus versos le sonríen a mi

libreta,

mis renglones dibujan su saliva,

sus poemas seducen a mi folio

y mi lapicero se ha perdido en su

cintura:

  Amor a primera estrofa.


Viernes de papiroflexia.

Escrito por DykembellVC 11-05-2019 en Poesía. Comentarios (0)

El chofer del autobús tiene 

pinta de que no ha cogido en seis meses.


Yo nunca he cogido; 

aunque una vez estábamos riendo y

-en medio de las risas-,

ella fijó sus ojos sobre mí y nuestras

pupilas se lamieron las heridas.


Laura alguna vez dijo que me ama.


La señorita del asiento de adelante

viste un escote que el imbécil al lado 

mío no deja de ver:

           Los hombres somos más erecciones

           que cualquier otra cosa.


Es la tercera vez que nos detenemos.


Yo trato de recordar si lo decía en serio

o solo estaba muy feliz,

-eso de que me ama-.


Tengo más monedas en el bolsillo

que amigos en mi vida.

Lo verdaderamente jodido es que

apenas cuento cuatro o cinco.


El clima es una mierda; 

hace frío siempre que no estoy con ella.


He aprendido a abrigarme 

en la soledad.


Cuando hiela acá dentro me rodeo 

con estos brazos moribundos que

me recuerdan que duele menos

ser poeta que ser hombre.


La siguiente es mi parada...


Espero no dejar ningún verso olvidado,

o el hijo de puta del chofer recogerá

mi pena al llegar a casa.

Epílogo

Escrito por DykembellVC 06-05-2019 en Poesía. Comentarios (0)

Le he dicho al oído que la amo,

ella solo lo hace cuando se lo pido;

el silencio de sus labios pone

en jaque todas mis dudas. 


La recuerdo hablándome sobre

la vez que se cayó en público

y el suelo se enamoró de su

tragedia o era algo acerca de

la política Australiana,

no recuerdo,

llevaba un escote en la sonrisa

que descubría su lengua al reír

y a mí siempre me ha podido

su garganta.


A veces dice eso de que somos

jóvenes y el amor no nos durará

siempre,

eso o me dice uno de los refranes

de su madre,

es difícil concentrarse con sus

dedos tan cerca de mi piel.


Dice que no es sano sentir odio,

me lo dice a mí,

que soy experto en maldecir

de envidia el viento que se

duerme en sus pestañas.


Recuerdo aquella ocasión

cuando su cabeza reposó

en mi pecho mientras le decía

lo mucho que la amaba,

o le decía que mil doscientos

monumentos de Shevchenko

están por todo el mundo,

no lo sé,

me centré en el universo

de suspiros que salían de sus

pulmones y la extraña sensación

de hogar que había entre sus ojos

y mi lapicero.


Y ya no sé qué escribir,

su boca me ha robado las palabras,

vivo mendigo de su literatura

creyéndome poeta,

hasta que ella,

sopla mis hojas en dirección

de su vestido y uno por uno

mueren los versos

tatuados en su

cuerpo.


Radiografía, agradecimiento y memoria.

Escrito por DykembellVC 27-04-2019 en Poesía. Comentarios (0)

Son las once de la mañana

de un viernes triste.

Todos los viernes son tristes.

¿O soy yo el gris que invade

el tapiz de un cielo que no existe?


El tiempo se me escurre

entre los dedos.

Converso a solas con los

miedos que atormentan mis horas

y hospedo mi dolor en medio

de las olas y el ruido de mi ego.


El minutero es un mentiroso

empedernido,

Dios un sanguinario bien vestido

mi musa un misterio incomprendido

y yo un poeta a dos besos

de perder mi sentido.


La tristeza pone inspiración para

hacer que mi rima baile sin temor

una canción que se sienta como un

poema de amor.


Y conozco la melancolía del escritor

suicida que se desangra a sí mismo

en cada texto.

Por eso bendigo a Sharif,

la suerte del silencio y cada uno

de sus versos.


Pero pronto se irá la luz del día

y con ella toda esperanza de

ser inmortal.

Mi único consuelo es que el viernes

acaba y mis lágrimas,

poco a poco,

se van quedando sin sal.